
Cuando llegué por fin al pozo de los lotos, fue a eso de los diecinueve.
Antes, había nada más escuchado a los guardias que hablaban bajito en los turnos de las cinco am acerca de estas reuniones. Sólo se sabía entrecortadamente a lo largo de los años, que era un lugar de apuestas, muerte y esperanza.
Fue durante esa época de represión y pillaje, en que los uniformados y ricos, se convirtieron en reyes y Señores respectivamente, durante el naciente gobierno del demonio vivo: Piñera, rey de los judíos.
El pozo de los lotos, se celebraba cada tres meses, en una locación que variaba y mutaba en cada nuevo evento.
Al que fui yo, lo realizaron en una conocida ramada; pero un tres de Enero, durante esa época del año en que la gente aprovecha el breve asueto gubernamental, para mirarse el pico, o leer la Cuarta; verano festivalero, en que las ciudades se exhiben cual prostitutas que luchan por conseguir una sobre la otra, más mediática connotación. Atraen así, al resto de gente de mierda del mundo: apostadores y viciosos. Los animadores banales y melindrosos, son gentuza que se exhibe al pueblo en la mañana conduciendo matinales partidistas; o se muestran mintiendo, hasta en el color del pelo, mientras leen las noticias, verdaderas facecias.
En el verano, siempre cerca de las costas; casi nunca a la cordillera(ahí sólo se va a invernar).
Toda esa tierra, pertenece ahora a una de tantas familias aprovechadoras e inmorales, que se enriquecieron durante esa época tan triste y peligrosa; son dueños también de bancos y financieras usureras; hay uno que es alemán y se limpia el culo con papel de género, gustillo que paga con las utilidades que deja la leche de Nuestras vacas.
Que se creerán, que el pueblo es para azotarlo. Para estrujarlo y estrujarlo, hasta ver cuanto es capaz de dar. ¿Para usarnos de mozos?
No a un Jara.
No al dirigente más jóven, que ha tenido esta resistencia.
En el pozo de los lotos, los detenidos desaparecidos, debíamos luchar por nuestras vidas.
Si ganábamos: nos decían que despertaríamos amarrados y vendados en las puertas de una embajada a elección.
La verdad, es que aquellos que matábamos y vivíamos, éramos convertidos en gladiadores, que debíamos luchar encapuchados en el mismo evento; pero, esta vez vistiendo los colores del enemigo.
Aquellos que sobrevivíamos la fase uno; y aquellos también, que pasábamos la fase dos (detector de mentiras); a aquellos nos mantenían subyugados y encadenados, y ganábamos metros de libertad, a cambio de impensada devoción.
Luego, los que insistíamos en quedar sanos y salvos; esos, llegábamos incluso a estar algo cerca de Mámez; pero a no más de cien metros. Aunque si éramos saludados por este, con regalos personales, como botas de mil dólares, y parcas camufladas de última generación.
AL pozo de los Lotos, se llega a morir, a rodar una horrible tómbola. Se llega desde distintos centros de detención y de distintas provincias. Los que más nos repetíamos, éramos los líderes estudiantiles universitarios; parece que estos demonios gozaban viendo una gladiatez exquisita y meditada; de gente con convicciones propias o aprendidas. Comiendo palomitas.
Pero, para que seguir enredadándonos en la disfórmica maraña de mi penoso pasado.
Concentrarnos mejor, en mi única tarde mágica y y bella; que duró algunos años.
Fue una época de mucho azul y violeta; donde mi moral, se mantuvo sana y bien alimentada, pues antes conoció el verdadero valor de un un buen plato de prana.
Y mi ética, pobre, se fué, perdida, lejana; hasta quedar casi, así, intangible y difusa como mi bien amada; ambas, caídas, solas, y presas también junto a mí, en la engañosa celda del destiempo.
Mi cuerpo, que recibió plomo en cada tono del gris, resistió estoico e incorruptible; renaciendo día a día en una nueva cicatriz; mi coraza sagrada y rosa, se mantuvo fría en la ejecución, aceptando sin asco la mancha de sangre; y con discreción, hizo rebotar a una persistente insanidad, que llegaba disfrazada, a diario en el lujoso y rubio destino de otro.
Sin contemplar análisis, ninguno de los anteriores.
Me decían; dicen, el Maldito.
Y en confianza: fui el Condoro.
Brebajes en los que por favor, no quiero tener que escudriñar.
Fui ceneta mafioso, eso quería contar.



