viernes 4 de diciembre de 2009

Capitán Clap.



Cuando llegué por fin al pozo de los lotos, fue a eso de los diecinueve.
Antes, había nada más escuchado a los guardias que hablaban bajito en los turnos de las cinco am acerca de estas reuniones. Sólo se sabía entrecortadamente a lo largo de los años, que era un lugar de apuestas, muerte y esperanza.
Fue durante esa época de represión y pillaje, en que los uniformados y ricos, se convirtieron en reyes y Señores respectivamente, durante el naciente gobierno del demonio vivo: Piñera, rey de los judíos.
El pozo de los lotos, se celebraba cada tres meses, en una locación que variaba y mutaba en cada nuevo evento.
Al que fui yo, lo realizaron en una conocida ramada; pero un tres de Enero, durante esa época del año en que la gente aprovecha el breve asueto gubernamental, para mirarse el pico, o leer la Cuarta; verano festivalero, en que las ciudades se exhiben cual prostitutas que luchan por conseguir una sobre la otra, más mediática connotación. Atraen así, al resto de gente de mierda del mundo: apostadores y viciosos. Los animadores banales y melindrosos, son gentuza que se exhibe al pueblo en la mañana conduciendo matinales partidistas; o se muestran mintiendo, hasta en el color del pelo, mientras leen las noticias, verdaderas facecias.
En el verano, siempre cerca de las costas; casi nunca a la cordillera(ahí sólo se va a invernar).
Toda esa tierra, pertenece ahora a una de tantas familias aprovechadoras e inmorales, que se enriquecieron durante esa época tan triste y peligrosa; son dueños también de bancos y financieras usureras; hay uno que es alemán y se limpia el culo con papel de género, gustillo que paga con las utilidades que deja la leche de Nuestras vacas.
Que se creerán, que el pueblo es para azotarlo. Para estrujarlo y estrujarlo, hasta ver cuanto es capaz de dar. ¿Para usarnos de mozos?
No a un Jara.
No al dirigente más jóven, que ha tenido esta resistencia.

En el pozo de los lotos, los detenidos desaparecidos, debíamos luchar por nuestras vidas.
Si ganábamos: nos decían que despertaríamos amarrados y vendados en las puertas de una embajada a elección.
La verdad, es que aquellos que matábamos y vivíamos, éramos convertidos en gladiadores, que debíamos luchar encapuchados en el mismo evento; pero, esta vez vistiendo los colores del enemigo.
Aquellos que sobrevivíamos la fase uno; y aquellos también, que pasábamos la fase dos (detector de mentiras); a aquellos nos mantenían subyugados y encadenados, y ganábamos metros de libertad, a cambio de impensada devoción.
Luego, los que insistíamos en quedar sanos y salvos; esos, llegábamos incluso a estar algo cerca de Mámez; pero a no más de cien metros. Aunque si éramos saludados por este, con regalos personales, como botas de mil dólares, y parcas camufladas de última generación.

AL pozo de los Lotos, se llega a morir, a rodar una horrible tómbola. Se llega desde distintos centros de detención y de distintas provincias. Los que más nos repetíamos, éramos los líderes estudiantiles universitarios; parece que estos demonios gozaban viendo una gladiatez exquisita y meditada; de gente con convicciones propias o aprendidas. Comiendo palomitas.
Pero, para que seguir enredadándonos en la disfórmica maraña de mi penoso pasado.
Concentrarnos mejor, en mi única tarde mágica y y bella; que duró algunos años.
Fue una época de mucho azul y violeta; donde mi moral, se mantuvo sana y bien alimentada, pues antes conoció el verdadero valor de un un buen plato de prana.
Y mi ética, pobre, se fué, perdida, lejana; hasta quedar casi, así, intangible y difusa como mi bien amada; ambas, caídas, solas, y presas también junto a mí, en la engañosa celda del destiempo.
Mi cuerpo, que recibió plomo en cada tono del gris, resistió estoico e incorruptible; renaciendo día a día en una nueva cicatriz; mi coraza sagrada y rosa, se mantuvo fría en la ejecución, aceptando sin asco la mancha de sangre; y con discreción, hizo rebotar a una persistente insanidad, que llegaba disfrazada, a diario en el lujoso y rubio destino de otro.
Sin contemplar análisis, ninguno de los anteriores.
Me decían; dicen, el Maldito.
Y en confianza: fui el Condoro.
Brebajes en los que por favor, no quiero tener que escudriñar.
Fui ceneta mafioso, eso quería contar.

jueves 26 de noviembre de 2009

Mi Capi.




Yo al capitán, lo cacho desde chico.
El y su madre (una profesora de básica), arrendaban una casa interior colindante con una cancha de fútbol; en la que el capitán se entrenó en el deporte y para la vida.

El capitán lo dejó entrar no más a la joyería, al ladrón que investigábamos. Lo dejó operar impune varias veces; pero esta sería la última. Y mientras el tipo se apoderaba de los relojes(joyas desde un millón), el lo miraba atento con largavistas, desde muy cerca, con la diestra apoyada en la cartuchera de su pistola. Su respiración agitada, mirando fijo sin pestañear, hablaban de una depurada concentración en el objetivo. A un paso de la espalda de mi capitán, yo; detrás de mi, el resto del escuadrón de ataque de la brigada RNH (robo en lugar no habitado).
-Ahora va a buscar unas colonias.-nos dijo, mientras su sonrisa confiada se dibujaba al lado de los ojos, dándonos seguridad a todos nosotros para enfrentar el devenir.
Efectivamente, el sospechoso(al que seguíamos hace seis meses), rompió con su pistola, una lujosa vitrina de la que extrajo dos perfumes carísimos: un Vitamortem ó de tualet pur huom, y un parfam pur le poetise, en sus versiones de verano, respectivamente.
No más de tres minutos después estábamos por fin, frente a frente, el capitán y nosotros, contra el solitario Joyador.
El capitán se lo aseguró al tiro con un balazo en el muslo, después le gritó: policía. Una maniobra comprometida; pero siempre útil para darle caza a los delincuentes más peligrosos y decididos; hablamos del tipo de choro que primero muerto que preso; o a la cárcel aturdido: sólo para escapar.
Después le entró con una patada en locico, para poder esposarlo y llevarlo raudo a “constatar lesiones". Luego: encanarlo y anotarse otro vistoso poroto dorado, en la hoja de vida.
Yo al capitán lo cacho desde chico.
A la cancha de atrás de su casa llegaba cualquier pato malo; de esos loquitos que te chantan la pistola en la cabeza y te dicen: ya, moto con toda la huevá no más shushatumadre, mira que ando con la volá.
Mi capitán se los aseguraba uno por uno. Esperaba el momento oportuno y cuando los pillaba a media máquina, con la caña, o mirando para el techo, se los calzaba meta combolocico, y después a patadas en el piso, delante de quien fuera.
A los malandras que pintaban para líderes durante los años en que todos comienzan a presentar sus reales capacidades, a esos si que los hacía los hacía recagar; a esos les minaba el alma, a golpes.
El capitán se los paipeba a todos, no estaba ni ahí, con renombres o represalias.
Después ya más grande, le gustaba quebrarle la muñecas a sus vecinos más connotados del mundo delictual; también gozaba investigándolos; y acortaba las tardes observando todos los movimientos raros de la villa; para el, aquello era mejor que leer cosa ninguna o ver tele.
Después llamaba a la prensa, te echaba los pacos en la casa, con datos certeros de locación satelital de pruebas delatorias en tu contra; les contaba a las cámaras y a los policías: que vos eras cogotero, traficante, monrero, timador o estrangulador, según correspondiera el caso. Eso se lo narraba también a los fiscales, cantando en las cortes a todo pulmón; como le cuentan al cielo los chercanes, de su amor.
Así era de engrupido con la bondad y entrega que requieren los estatutos estatales de parte de todos los ciudadanos.
En el barrio le decían: Il Bambino Cantatore; y en el único almacén de la zona NO le fiaban, ni a el, ni a su madre, por sapos.
Pero mi capitán no se hacía problema por esas nimiedades: total, yo voy a ser uniformado; no estoy ni ahí con estos gusanos de acá, los voy a encanar a todos ¡y en la misma celda¡, para que se aburran de sus horribles caras y culos; y se atormenten unos a otros, por toda la eternidad, decía.
Una vez dos mellizos cogoteros se lo quisieron colgar; pero terminaron ambos con sendas cojeras para seguir relacionándose con sus pares de ahí en más: murieron. Se trataba de los dos únicos nietos de uno de los matrimonios más malos del mundo, compuesto por los míticos criminales: Briyit Murta, alias La Mortadela, y el gigante Yoni Malabunta, alias el Abuelo Chocho.
Eso, al capitán no le importó; aunque para ser honesto, ese mismo año, el y su madre, debieron abandonar el barrio.
Se fueron tristes, del mismo cuadrante, al que mi capitán retornaría a los seis años; pero esta vez investido con el traje de sus sueños.
Volvió más grande, después del entrenamiento que aprovechó al máximo, para andar más despierto que cualquiera; con todos sus ojos puestos en lo que pasa; y con sus oídos prestos, a aquello que acontecerá.
Fue repuesto en el barrio, por el proceder de un destino adolescente y atrevido; como un balón que vuelve a la vieja cancha, a rodar demasiado cerca, de unas malas barras, aún mas drogadas, febriles; y bravas.
Mi capi, un verdadero cezanne en la policía. Un funcionario único, de cortísima rasitud.

martes 24 de noviembre de 2009

Robert.





"Anoche, una casa blindada y añosa, que antes perteneció a una tradicional familia de políticos, cayó en manos de los recuperantes, una banda de seres ultra-sistemáticos, y muy maleducados."

Se establecíeron en el sótano, hundiendo la casa, tras trincheras de camiones avícolas. Durante el primer año de ocupación tejieron redes subterrestres, para deambular en el nuevo barrio; luego nunca más se vieron; pero era evidente que habitaban ahí.
-El tallado de la ciudad, debe hacerse por las noches.-se leía en un brazo de: Robert Cuñatril Colomera, frase que escribió también en los muros, con grafitos ilegales y desafiantes, aderezados con muerte y tironeos de cajeros automáticos.
Sujeto de un metro sesenta y tres centímetros de puro músculo araucano:un tejido de fibras muy dúctiles y en extremo resistente.
Aparece en una foto, (que distribuye a modo de panfletos de autoprogaganda), colgando del cuello de su abuelo, escapando entre risas y fuego de metrallas. Ambos forrados en cuero del mismo puma sureño.
Así vestido, descuelga del cielo las estrellas, y las renombra en su trayectoria; mientras caen por la nocturna nave en dirección sur.
A veces, el y los suyos, recuperan ciudades dadas por perdidas, a punta de toscazos y suplantaciones.
-No soy devoto.-dice- de estos dioses tan rancios y callados. Y sólo los respeto, por lo viejos que ya son.
Una vez la policía fue a por el; se volteó irrespetuosamente y mientras les mostró una espalda imposible, les dijo:
-No hueveen.- perdiéndose en la enorme sombra de las decenas de alienados con su proyecto fatal, ridículo y bello.
Su terapia o recreo, consiste en enseñar durante las batallas, su insolente desnudez, cubierto sólo con leyendas ofensivas pintadas con jugo de cal.
Una vez raptó a un ministro de hacienda; dejando a todo un país apenado y preocupado; sólo para pedir una recompensa ofensiva e incalculable, pues variaba drásticamente cada estresante mañana de negociación, un Trillón de UF. Operación que logró ejecutar magistralmente, en sociedad con sus contactos en el sistema: jóvenes policias cochinos y corruptos; fiscales vendidos e ignorantes y bellas juezas, desequilibradas y farreras.
Al final devolvieron al pobre personero, en buenas condiciones; pero, muy dolorido de la zona glútea. El rescate se pagó primero la mitad, y el saldo se deposita mensualmente en bancos mafiosos que cambian de nombre todos los años, absorviéndose unos a otros.
El resto de la historia es cosa de investigarla; pero quien cuenta con los recursos.
Lo último que se supo de el, es que se hizo una careta con piel de cerdo y se la cosió el mismo, sobre la suya; para que nadie lo reconozca.

sábado 21 de noviembre de 2009

Plano.

Si va a construir una edificación, debe poner especial atención a los cimientos.
Le recomiendo internarse en las alturas.
Invierta en el terreno más alto del delgado Andes.
Aquí, comparta por un año con la naturaleza en su estado más puro.
Sedúzcala brevemente, pasando inadvertida.
Que la vea ella, como una humilde servidora.
Ofrézcale deliciosos poemas, para que la acoja, ella. No se inspire en ninguno de nosotros, podría enfadarse.
Luego en el lugar más cómodo y tranquilo, alejada de las turbulentas corrientes aéreas o humanas:
Ahí edifique su vivienda, busque refugio.
Mi casa por ejemplo está encallada por ahí cerca.
Mis vecinos y yo edificamos un puente colgante, para el escaso deambular con otros cerros.
Donde quizá más tarde explotará, por fin, mi tercera guerra.

Antes un fulano me gritó: poeta insolente; dale a tu hermana le respondí, o algo así. Interminables horas, en que me sentí muy solo. E irrespetuoso, después de las palizas, me escapé de la muerte.

El camino de amarilla arena, serpentea hasta los roqueríos, donde los horrendos escultores tallan la piedra para las construcciones más altas.
Los jardines colgantes que tan grandes e imponentes se veían a lo lejos, no son más que andamios de maestros, revestidos en greda y asidos muy fuertemente a la montaña ;y anclados a cadenas muy bien asidas, arriba y abajo.
Ya en la meseta, después de los muros de seis metros de pura chatarra cubierta con barro y paja, comienza la propiedad, enclavada en pleno corazón.
Un cedrón de profundos grises, acariciado en varios tonos por los delicados verdes del musgo, secreta toda la esperanza. Un líquido, como una tisana refrescante emite los látidos largos, casi imperceptibles del pulso de la tierra, que espero pronto duerma muchos años toda, en agua.
Más tarde, bajo las encendidas astromerias, los poetas de moda susurran a perfumados oídos sus coloquiales tonadas, de repetitiva pasión primaveral. Un aire bastante festivo y poco responsable para con lo que acontece durante estas semanas tan bellas; nada, pasan el día rascándose; viven inmersos. Mirando fijamente a delgadas y siseantes figuras.
Más atrás, y casi pegados a la segunda puerta, se asoma el portón patinado que nos talló nuestro último amigo. Lo echamos a patadas junto a un rebaño de aprovechadores a perderse en una turba.
Dicen, que buscaron, entre la humedad de los acantilados, a los míticos valles innombrables. Aquí, donde terminé también, yo.

domingo 15 de noviembre de 2009

Pichanga.




Me he sumergido en un pozo; aguas jóvenes, cristalinas.
Vertientes, vírgenes y bien cuidadas, de seguro por algunos hombres.
Los hombres, mis nada estimados enemigos, se han tomado últimamente…demasiadas pretensiones.
Usted cerdo, tiene un solo jefe al que pronto enviaré a presentarse. Llegará todo rebanado. Como el monstruo que es.
Yo: He sido prudente y esbelto para con los lotos de esta agua.
Más, me he salido de esta pileta que acaricia la piel, como las brasas de una maternal abuela; pues con tus gritos, haz apenado, hasta al inocente y escaso aire.
Nos has procurado, a los colibríes y a mi, ingratas ensoñaciones.
Me has dicho, amenazante, ¡que éstas¡: son tus aguas; peor aún: me has gritado, que son... ¿de tu jefe?. Dime, penoso andariego, que vistes con ropas nuevas; pero usadas antes, de seguro por aquel que alabas; dime, pobre ave, ¿quien es el jefe ahora?, que están tú y ese, a solo un paso de su muerte.
Las manos cerca de los sables, prestos a disparar profundos cortes.
Todos los ojos serios; aunque los rostros eran ofrecidos al enemigo, como si ya disfrutaran los guerreros: de las improbables saludes y cuidados con que los esperaban a todos (ahora muy lejos) en sus opulentas casas.
Por dentro: todos casi muertos, de paralizante miedo:
-Me debes joven samurai, una cuidadosa disculpa.-prosiguió el Benigno, que antes se bañaba.- Solo así dejaré pasar, y sólo por hoy, esta vulgar afrenta.
-Que te la de primero mi jefe.- dijo el Germano.-Luego escucharás la mía, hijo de mil putas ebrias.
Los dos, al final y frente a frente acordaron (entre otros insultos breves y cortantes):
-Mañana a las cuatro.
También agregar caústicas provocaciones, entre los futuros cadáveres que los acompañaban respectivamente.
Al otro día a las ocho, el encuentro fue aquí cerca. Varios carros, dispusieron sombras (con efecto de luces),y crearon un centro, improvisado.
Benigno y sus amigos, se introdujeron confiados en una pelea de gallos latinoamericana; en pleno Chilito, para ser más exacto, paraje exquisito y desenfadado para hacerle cultos a la sangre.
Así entraron, en la plenitud de sus vidas, al insano corazón del lugar menos seguro de la Tierra, durante el inicio de la nueva era.
Con que ganas entró Benigno a vengarse, de estos abusadores, y cazadores(junto a sus raquíticos perros) de zorritos; y conejos.
¡Con que fuerza¡,desató este duelo; y otros, en el futuro.
La pena, siempre en medio como única compañera, por las traiciones constantes, pagadas al contado, con joyas dignas de reyes, para sus reinas.
Se hizo pasar por simple ciudadano; pero entraron bien cargados, el y los suyos. Llevaban siempre armas para luchar donde sea: un galón de agua, cinco botellas de pisco peruano robado, cigarrillos life; algunos iban decididos a jalarse hasta la pólvora.

Los otros (los malos, diremos por ahora), que en algo estaban preparados; llegaron con yilés* demasiado acolchados para cualquier noche de verano en plena tierra del vino; se hacían pasar por temporeros; pero eran en verdad, los peores asesinos de todo el vecindario. Y sin ir más lejos, dos hectáreas más allá comenzaban los Viñedos del Estado. Los mismos que el nuevo presidente Enrique Marcó de Noemí, reciéntemente había nacionalizado.
¡Que época más linda¡, de libertad y fiesta; todos los ciudadanos con ingresos altos y tierras a su nombre, habíamos sido recién nombrados Jueces No Concertacionistas, con dieta parlamentaria.
¿Con que recursos? :
Una secretaria rusa que cursaba una práctica en la Moneda, le preguntó al Gobernador de la Patria mientras se lo chupaba : -¿Papacito, de adonde sacan tanta plata los milicos chilenos?.- Es ahí, es que al altísimo dignatario se le ocurrió la genial idea de sacarle a las tropas, un veinte por ciento de su gorda asignación militar, (que prontito cumpliría cuarenta años.)
-Un veinte por ciento, es re-poco; apenas un puntito más que el impuesto que paga cualquier chileno.- dijo en francés, en cadena nacional.
Nadie entendió nada.
Pero, bueno, el clima en realidad estaba tenso en general en todo el país durante esa semana del duelo entre Germano y Benigno; todo el país estaba parado; si hasta los milicos se habían botado a huelga, (se encerraron en sus cuarteles a conspirar) se apoderaron también de todos los estadios. Pusieron las sillas en las entradas, como hacen los huevas del instituto nacional; pero sumándole cada mañana de toma, nuevos cuerpos de algunos de sus propios colegas uniformados entre medio; almas boqueantes, seriamente heridos, todos ensangrentados; se trataba de los militares que no se acogían a las mayorías después de las acaloradas discusiones, que se libraban cada ocho horas, en las mesas no apiladas.

Con que ganas comenzó Benigno, a insultarlos antes durante y después de la balacera; mostraba feroz sus caretas más horribles y ensayadas; como si quisiera agotar para siempre la tecla del espanto. Arrugándose prematuramente, mientras desataba su pasional cariño por una patria improbable(a la que imaginaba: morena, deseosa y limpia).
Le hacía este lastímero tributo, a esta creencia solitaria; pues ya no corrían en ningún río estos extintos ideales; solo se ofrecían en el mercado, utensilios contaminantes y caros.
Buscaba, como un pobre ciego, que joven y sin saberlo, rastrea a los Protectores de Gaia; ofreciendo su frágil pecho, a quien se le cruzara y reventara en su rostro la soberbia, el abuso o la ignorancia.
Patriotismo que entonces, como otros comportamientos delirantes, fue rechazado por las mayorías, en todas las naciones; y rapidamente fue segregado con una justificación humillante y apresurada:
-El señorito carga con el mal de una intratable locura- decían avergonzados, los miembros de su familia, más profunda.
En cambio cuentan, que cuando Benigno estaba herido, se dedicaba a toser trompetas, para apoyar a sus nuevos o antiguos camaradas. Luchó entregando hasta los dientes durante las primeras, históricas y hasta ahí, inentendibles batallas.
Por eso es que sus amigos más cercanos quizá, es que iban a traicionarlo esa mismísima tarde:
Es demasiado güaina para ser libertador; este huasho culiado no es chileno, hay que hacerlo recagar; digo, ironizando: emulo sus mentes básicas y desvirtuadas, bichos calcados a sus padres; y muy parecidos a sus mal pagados y perdidos maestros.
Dijeron(los traidores) que su líder moriría joven, que ya no era conveniente pararse a su lado, por todo el odio que encendía entre sus enemigos...
Pero bueno, para que seguir juzgándoles, decir nada más: ¡pobres incautos¡. Ellos ignoraban que después de los Cánticos Benígnicos, expuestos la tarde anterior, en mis tierras y ante varios de mis inquilinos, es que hemos decidido, junto a mi capataz(Germano), apoyarlo hasta la muerte:
-¡Que viva Benigno, el *Ermano¡

*(sic)

miércoles 11 de noviembre de 2009

Soñata di perdedore.

Volvía de Temuco, y a segundos de subirme al bus me encuentro con Quintero(mi archienemigo de la infancia), la última vez que nos divisamos fue entre escupitajos, en lo que podría llamar una pelea bastante justa.
Volvía a casa después de una pichanga, en los barrios altos. Cansado, y ante la ausencia de camarines posibles a lo largo de todo el trecho, me introduzco entre unos matorrales. En verdad un área de venta de drogas a cargo de este mísero cobarde, que me ataca en la mitad de la meada: me empuja desmedidamente, pavoneándose entre sus esqueléticos y peligrosos secuaces.
No sabía mucho de la vida entonces; pero la calle dice clarito, ayer y hoy:
-Y que tanto gil y la conchatumare, aquí si que te la repitiaste chuchatumare.- Con el arma blanca ya asomada en la derecha, y maldiciendo al aire: como si fuera cosa de minutos para que los dioses de peleas ancestrales, acudieran pronto a responder tu solicitud de sangre y victoria. Mantener la distancia con este y su banda, a lo largo de los años; rogando encuentros pacíficos, que no pasen de una amenaza y saltos de gente muy ebria, que aparenta que el contendor no merece la pena.
Tratar de mantener una cercana relación mental con el décalogo del tío Loto:nunca te desgastes en una carrera loca, al final de esta no tendrás ánimo o fuerzas para rogar que te maten.
Evita sumergirte en las profundidades de sus terrenos. Es mejor una pelea desigual de un gallo contra tres; que tres gatos conspirando a toda velocidad, males contra tu solitario ser.
Háblale de la cana de Honduras, ínvéntale penosas y rápidas imágenes.
Píntale con gritos breves y certeros: espantosos carruseles, oscuros y milenarios, para el y sus cercanos. Tu, montado en pleno círculo, en un felino gigante, alado y negro. Que te vea como un hermano mayor, (nunca un padre) de una antigua secta, moral, lumpeña; que cuando se presenta la ocasión no trepida en promover la Justicia, ante los ojos de una expectante y seductora muerte, heroica y eterna; sugiérele también, que tienes un conocimiento más estudiado y acabado que cualquiera de los presentes, de lo que significan realmente entes como el respeto y la venganza.
Cuando el comience a gritarte, denostativas frases, te pasas al revólver veintidós en tu mano derecha (o izquierda si eres uno de esos raros seres engendrado junto a un gemelo); la veintidós es un arma poderosa y letal, en peleas cuerpo a cuerpo.
Busca raudo una botella en el piso, fijo que habrá una, negándose a tus ojos quizá en primera instancia: le apuntas y le aciertas, luego:
-Ya huacho culiado acorte con la canoca.- Poniendo los ojos como locos.
Los años pasan rápidos para nuestro lector: incluso más, que sus pocos momentos de real dicha y amoroso deseo.
Quintero: una rata que cuando se enteró de mis indagaciones en la poesía, no dudó en aventajarme antes de un año, para recibir el segundo galardón anual de incipientes premios: luego, dos veces me ganó el Chancho Neruda, que entrega cada año la organización Comunista Vago e Inútil; y una la Maraca Allende una escultural escultura de fierro oxidada, que cambia de casa y hombre cada año.
Me saludó el muy chuchasumadre, me dice:
-Bien Colorado-, estirando las o, largamente, como si me estuviese asaltando, como tantas veces antes, durante la loca y drogadicta carrera de nuestra juventud. Sus largas "os" no hacían más que seducir en mi memoria la fría noche en que aparecío este y su banda, en mi propio barrio para ejecutar en mi pobre historia: Los momentos mas horrendos de mi hasta entonces, inocente deambular.
Venía vestido de verde; pero no de sapo culiado, sino que de operario de Bur-turs.
Claramente se trataba de una ridícula broma del destino. Si yo le demostraba un poco de furia verdadera, no dudaría en hacer chirriar su silbato o alguna demencial maniobra, solo para anticipar mi despedida de este mundo verde y rosa, e indigo y morado en el cielo, y de marcos dorados.
Yo que conocí a Quintero intuyo que está en algo grave aquí.
Quizá se dedique al tráfico de alguna huevada; quizá me están preparando un cocimiento.Investigaré un poco. En cualquier caso Quintero de-be mo-rir, de nuevo.

.

Clap

Vi el otro día a un Mastodonte Tu gente:chicos grandes
llegaron a encerrarle, con cuchillos: los desterraban vivos.

Ahora , nuestros “indios”: Nos decimos: dueños de la Tierra
comenzamos a teñir con nuestra sangre presagios de libros muy antiguos.
Cambiando de clima…llegamos a encontrarnos cara a cara al enemigo

y como dijo alguien por ahí.
Si viene la muerte:
¡Que venga¡

Yo queridos míos he visto reventar dioses adolescentes en mil pedazos
Yo en la vida no ando ná jugando.
De hecho decirse poeta
está totalmente out
ahora nos decimos: Literatos, Incluso este poema es *tumach.
Indigno de un nombre.